• Orden
• Respeto
• Empatía
• Paciencia
• Responsabilidad
• Autodisciplina
• Cortesía
• Tolerancia
• Lealtad
• Valor

Motivados por el amor
En la familia se puede conseguir que los hijos crezcan en valores motivados por el amor. Cada hijo es un mundo y nace con una serie de cualidades y características: algunas positivas y otras negativas. En la familia es posible a asumir los puntos débiles porque los hijos saben que sus padres y hermanos les quieren como personas únicas y valiosas, con sus defectos y virtudes.

Este es el punto de partida para que se propongan luchar por superarlos y por adquirir los valores que se proponen.

Para ello, podemos apoyarnos en los puntos fuertes que tiene cada hijo. Los padres tienen ocasiones de actuar educativamente con los hijos. Este modo de actuar configurar un estilo familiar de educación. Así, todos los miembros comparten y respetan una serie de criterios y comportamientos.

La educación en valores
El objetivo de la educación en valores es precisamente el de integrar la razón, la voluntad y el sentimiento, en la actuación de la persona. Esto es alimentar la inteligencia con el conocimiento de los valores, enseñar a reflexionar, decidir lo más adecuado a cada situación y examinar luego si la actuación que se ha decidido concuerda con el fin que se buscó. Por otra parte, para fortalecer la voluntad es preciso proporcionar al niño, de acuerdo con su grado de madurez, ocasiones de actuar libremente de acuerdo con los fines que se han hecho propios; esto es , facilitarles oportunidades de ejercicio de cada uno de los valores.

Formación del entendimiento
Se trata de ayudar a los hijos a asimilar y hacer suyos los valores y criterios de vida que se les presentan, de tal modo que se fomente en ellos un sano espíritu crítico.

Formación de la voluntad
Pensar es requisito indispensable pero no suficiente. Es necesario ayudar a los hijos a tener fuerza de voluntad mediante la adquisición de las virtudes. La fuerza de voluntad fomenta la autoestima de los hijos y su seguridad personal, al proporcionarles facilidad y energía para conseguir las metas a que se aspira.

Cultivo de la afectividad
Junto con el cultivo y formación de la inteligencia y de la voluntad, es necesario además atender al desarrollo de la afectividad. La educación moral dirige también la atención a la ordenación de la afectividad favoreciendo una disposición generosa hacia el bien que, en ocasiones, exige sacrificio y renuncia para superar el propio egoísmo. Tener buenos sentimientos facilita una firme voluntad para el bien. Las vivencias y valores enraízan más fuertemente en la persona.

En resumen
Hay que educar enseñando a esforzarse día a día en hacer lo que uno entiende que debe hacer: Aprovechar el tiempo, sacar partido a las propias capacidades personales, procurar vencer los defectos del propio carácter, buscar siempre hacer algo más por las personas que están a nuestro alrededor, mantener una relación cordial con todos, trabajar, estudiar y convivir en esencia por lo bueno por la obra bien hecha.

Para todo esto es necesario una

“MOTIVACIÓN”

La voluntad mejor dispuesta es la más motivada y es la clave de la educación de los sentimientos y los valores.

Referencia bibliográfica:
Educar en valores
Virtudes humanas
Hacer familia hoy .2001